miércoles, 20 de febrero de 2019

EL GROVE...campamento al nuevo mundo

Ahora entiendo ese sentimiento de ir hacia lo desconocido, igual que nuestros primeros navegantes, Colón  y otros muchos, sin saber qué iban a encontrar más allá de lo que les rodeaba.
 Cierto día del mes de Julio de aquel año 76, un grupo del colegio, formado por unos 40 entre chicos y chicas, sentimos esa misma sensación, partiendo desde Laguna rumbo a galicia, rumbo a lo desconocido.
La mayoría de nosotros estaba en casa de vacaciones, y los que no, ya llevaban en las salinas de Medina un mes y medio, Marina que aún conserva la memoria intacta, me dice que al grupo que nombraron para ir, les pareció una excursión más...aún no sabían lo que les esperaba.
Marina: "Sor Maria luisa nos preparó ropa para el campamento y nos dieron una bolsa con comida".

Todo lo que ahora relato es fruto del recuerdo cualquier parecido con la realidad puede ser o no ser cierto, pero aquella experiencia fue de lo mejor que nos pasó en la vida.
Aunque teníamos unos añitos, aún eramos niños, empezabamos a ser trastos y a dar más guerra de lo normal, pero por alguna circunstancia nos vimos allí en el colegio de Laguna, seleccionados y a punto de subir a un autocar con una bolsa de comida que nos dieron para todo el día y dispuestos a descubrir lo que se nos avecinaba.
Supongo que nos llevaría D. José, aquél que las malas lenguas dieron mucho de qué hablar, también supongo que por ser más burráncanos, los chicos cogeríamos a la fuerza los mejores sitios en el bus, me imagino la escena y a Sor Visi y Sor Carmen, dando algún capón que otro e intentando poner orden, pues ellas dos fueron las encargadas de velar por nosotros durante dos semanas. El viaje en aquellos años supongo que fue largo sin la actual A6, pero seguramente suplimos la tardanza haciendo lo que mejor se nos da, el chorra.
Caería seguro la del señor conductor no se ríe, y alguna otra como la de los elefantes. Así tras unas largas horas,llegamos a Santiago de Compostela con parada incluida, visitamos la catedral y vimos la plaza del obradoiro, y el botafumeiro en funcionamiento pues era año santo compostelano, algunos incautos con la bolsa de la comida vacía y solo había pasado medio día, lo que obligó a sor Carmen a tener que comprar comida para ellos. Aquel paisaje diferente, edificios diferentes, gente y más gente por las calles, me hacía mirar a todos lados sin parar y sin dejar de sorprenderme.
De allí nos llevaron a La Coruña, y en un colegio donde paramos nos indicaron como llegar a nuestro destino.
A media tarde, alguién gritó "el maaaaar" y todos nos levantamos del asiento para ver aquella maravilla, algo seguramente pasó por nuestras cabezas al ver tanto agua en tan grande lugar, estábamos al principio de la larga playa de la Lanzada, y no podíamos  dejar de mirar.
Al final de esta playa la carretera hace una curva, y el autocar aminoró la marcha como para parar, ya empezaba a hacerse pesado el viaje, a nuestra izquierda teníamos el final de la playa y toda la vista del mar, y a nuestra derecha divisamos en ese parón del bus una especie de colegio en medio de un bosque y antes del edificio unas tiendas de campaña.
La mente empezó a hacer cábalas, y a pensar... en las tiendas?... no creo que fuese allí, en cambio cuando el autocar giró hacia el edificio de lo que parecía un colegio pensé: "aquí sí", y se me vino a la cabeza otro Castronuño.
Fue un cincuenta por ciento de acierto, si que parábamos en esa residencia juvenil, pero nuestra sorpresa fue que íbamos a dormir en las tiendas de campaña.
Las instrucciones dadas por Jesús Brea Bahamonte, jefe del campamento, Lino el cura y Teresa Eguileta la monitora, fueron muy claras, antes pasamos por un pequeño examen con lápiz y papel sentados en las mesas donde comíamos a diario, supongo que para evaluar el curso de cada uno y se nos preguntó por las asignaturas suspensas.
Nos repartieron en las tiendas en grupos de seis cada una, los chicos en la hilera de tiendas abajo y las chicas mucho más arriba, pasando una zona común semejante a una plazuela, donde nos amenizaban las noches los monitores.
Otra de las sorpresas fue que no estábamos solos, allí había otros chicos y chicas de la zona, la mayoría eran de Pontevedra y de Vigo, también hicimos amigos por aquellas tierras, durante un tiempo me estuve carteando con una chica, Teresa Ponte Hernando, pero aquello se perdió en el tiempo, es curioso que recuerde su nombre y casi no me acuerde de los que fuisteis.
Quedó muy claro quién era el que mandaba allí cuando sor Carmen riñó a uno de los chicos y se lo recriminó el jefe de campamento, aquello nos llamó mucho la atención y comprendimos el grado de libertad que íbamos a tener.
El día era intenso, lo mismo que lo fue la primera noche metidos en la tienda, nosotros de cachondeo puro y duro hasta caer dormidos, pero las chicas  me cuenta Marina:
"La primera noche fue de todo menos divertida
Nos dijeron que allí no había w.c si no letrinas menuda faena además de ser un hueco encima de un cajón estaba tan alto que algunas no podíamos subir allí así que imaginaros a quien podías llamar cada vez q necesitaras ir al baño, durante  el  día bien pero de noche a quien despiertas. Toda una experiencia" " Nos mandaron a la cama y antes de ir decidimos ir a la letrina todas juntas por aquello del miedo a lo oscuro y por supuesto lo alto que estaba.
Cuando volvíamos bajábamos agarradas unas a otras con mucho cuidado y en silencio pues estábamos en camisón y menuda vergüenza si nos ve alguien ( cosas de niñas) cuando a mitad del camino apareció Lomas y al vernos se enfadó diciendo que qué desfile de pijamas y camisones era aquel,  del susto nos pusimos a gritar y salieron los de las otras tiendas y menuda risa luego."

 Se establecieron una serie de normas a modo de juegos, una de ellas consistía en nada más desayunar, había que decorar la tienda con lo que la imaginación nos diera, lo clásico era con los colchones de espuma doblarlos en forma de sofá y forrarlos con las mantas y sábanas a modo de salita colocados a los lados.
Después pasaban revista de tiendas y se puntuaba el ingenio de cada grupo, con esa puntuación al final repartieron premios a los ganadores.
Establecidas algunas normas y pasando unos días allí, fuimos cogiéndole gusto al campamento y a mi modo de ver la diversión no cesó en ninguno de los días que allí estuvimos.
Hicimos toda clase de actividades, juegos y cánticos, la hora de ir a bañarse era especial, solo teníamos que cruzar la carretera y allí aparecía esa inmensa playa, muy bien lo pasamos en ella, advertencia de por medio, resulta que existe por esos mares un pez llamado faneca que se esconde en la arena con marea baja y si le pisas te pincha con una especie de gancho que tiene en su lomo, uno de los chicos tuvo la mala suerte de probar su picadura y además de dolorosa recuerdo verle el pie hinchado como un botijo. A partir de entonces se nos proporcionaron sandalias de goma, de las de toda la vida, aunque alguna también tuvo su mala experiencia con ellas.
Otro día fuimos de nuevo a Santiago esta vez con el campamento pero antes paramos a comer en una zona recreativa en medio de un bosque de eucaliptos, a eso de las tres de la tarde empezamos a oler a humo y cada vez más fuerte, no tardó en venir la guardia civil y sacarnos de allí a la carrera con el fuego ya muy cerca, en esa huída uno de los chicos se clavó una punta en el pie, como anécdota le recuerdo corriendo y cojeando, el resto del día transcurrió sin problemas pero el susto y el miedo ahí quedaron. Vimos Santiago y de nuevo regresamos a nuestro sitio al final de la playa donde estaban las tiendas.
 Desayunábamos, comíamos y cenábamos en una especie de comedor al aire libre, donde teníamos nuestro sitio asignado. Después de cenar acudíamos todos a esa zona común entre las tiendas de chicos y chicas y cantábamos, bailábamos, reíamos, hacíamos juegos, en definitiva lo pasábamos genial, y todo alrededor de una hoguera; la clásica de cualquier campamento.
Fueron dos semanas intensas donde también visitamos una fábrica de enlatado de sardinas, vimos el vivero de mariscos de Coruña, y atravesamos la ría en barco desde Coruña a Vigo...toda una experiencia.
Y pasaron los días, y llegó ese fatídico momento en el que hay que despedirse de algo que te está gustando, la prueba de que lo que ocurrió en ese lugar en aquel año 1976 fue algo extraordinario es que cuarenta y tantos años después aún ahonda en la memoria de muchos de nosotros, y claro que nosotros no descubrimos América como hizo Colón, pero descubrimos que más allá de Castilla había otras gentes, otros maravillosos lugares y ese mar azúl que a todos nos deslumbró.
Esta historia va dedicada a todos los que allí estuvimos y a todos los que hicieron posible que por quince días fuésemos felices.

P.D. Mi agradecimiento a Marina por haber compartido sus recuerdos. Ella y Ana Beltrán fueron las vendedoras de helados oficiales del campamento al final salió más dinero que helados habían vendido. Los y las del juande siempre barren para casa.














2 comentarios:

  1. Qué bonito haber vivido todo eso y con el paso del tiempo recordarlo.

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  2. Yo lo recuerdo como si aún estuviera allí mismo,campamento nuevo mundo,el groove la lanzada. Muchos años después fui en coche a visitarlo,sigue allí aunque no está igual. Al entrar de nuevo más de 40 años después os aseguro que lo vi como cuando fuimos de peques. Aún recuerdo el desfile de las chicas al baño la primera noche,y nosotros correteando escondidos por detrás como bandidos.menuda bronca nos cayó a todos. Yo fui el que se clavo las puntas ,pues fueron dos y me atravesaron el pie, aun conservo las dos rápidas que quedaron de recuerdo en la planta del pie. Pero a raíz de eso,cuando empezó a llegar el humo,como no podía apoyar el pie,pues me pusieron un paño grande y no entraba el playero me llevaron al autocar en un coche. Y recuerdo que cuando ya todos estábamos montados, las monjas tuvieron que ir a buscar al conductos que andaba por algún sitio del bosque. Fue toda una aventura aquel verano y no me olvidare jamás de ella,ni de tantas y tantas vivencias de nuestro colegio. Otro día os contaré mi terrible experiencia con la peritonitis y como gracias a Paco aún sigo vivo., quizás noo recuerdas Paco, pero a pesar de ser un crío, algo que contaste, que habías leído fue lo que me salvo de morir en la misma enfermería del cole.

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