sábado, 5 de enero de 2019

Aquellos maravillosos juegos

Leyendo un whatsapp de nuestro compañero Santiago Vicente, vuelvo a escribir sobre nuestra niñez. Todo el mundo espera estos días a los reyes magos, que te traigan lo que has pedido, que no se olviden de nada , y ya de muchos años para acá, la mayoría de los niños ha sido recompensados con sus deseos. Pero hay que retraerse a nuestra época para saber que no todos los niños recibíamos nuestro juguete pedido. Lejos de frustrarnos, nuestra capacidad de adaptación y nuestra extraordinaria imaginación daba paso a un sin fin de juegos que hacían nuestras delicias y suplían en cierta medida a todos esos juguetes que nunca llegaban. Porque quién no se acuerda de nuestra querida peonza? solo necesitábamos un trozo de patio, un hoyo o gua, y la canica favorita de cada uno, esa que siempre te daba suerte hasta que te la ganaba el contrario y entonces hacías a otra favorita y volver a empezar con nuestras fantasías.
Si las canicas nos entretenían durante horas, cómo no acordarnos de ese juego que visto ahora más de una madre prohibiría por salvaje..porque sí, jugábamos a burro. Pero nosotros éramos de otra pasta y eligiendo dos a equipos de cuatro o cinco, el que quedaba se acercaba a la pared de la sastrería y formaba la fila agachados y dispuestos a sujetar a los que saltaban, como en casi todos los juegos siempre había un árbitro que solía ser el gordito que no saltaba y que era el encargado que de espaldas a la pared sujetaba de la cabeza con las manos a la altura de su barriga al primero de la fila que les tocaba quedar. Así saltaban uno a uno los del otro equipo encima de las espaldas y el último en saltar y colocarse, gritaba aquello de "churro, mediamanga o mangaentera" a lo que con la mano en la posición que escogía y a la vista del que estaba mirando de frente en la pared, escuchaba la decisión del capitán del equipo de los que sujetaban agachados, se ganaba si, se acertaba, se perdía si se ringlaban, y así salto tras salto pasábamos las horas muertas entre clases de estudio y el silbato que anunciaba la cena.
Los más afortunados tenían cromos, generalmente de fútbol, era muy común no tener albúm, y estar con los cromos enroscados en una goma los que ibas completando, y los repes pasándolos uno tras otro delante del que querías cambiarlos, al soniquete de sile y nole...no conozco a nadie que completara una colección, pero nos servía para conocer a los jugadores de la liga de fútbol que siempre fue el deporte estrella de este país y distraernos de otras penurias.
Los alfileres no eran muy populares en mi generación, aunque si recuerdo de haber jugado alguna vez, se enterraban en un montón de tierra y con piedras se tiraba a descubrirlos. Algo que si recuerdo que jugábamos, pero no recuerdo como lo llamábamos, era hacer un circulo más o menos grande en la tierra, y cada jugador con un palo en mano y otro en en suelo de forma desigual, consistía en golpear con el de mano al del suelo haciéndolo saltar y aprovechando el salto golpearlo para lanzarlo lejos, y todo lo lejos que le lanzabas el contrincante te tenía que llevar cargado a caballito hasta allí. Lo cierto es que no recuerdo muy bien las reglas del juego, pero era otro de los más comunes supongo que por lo rápido que se montaba el tinglado para empezar.
Las tabas, aquél de saltos con esa especie de crucigrama en el suelo, y muchos otros eran menos asiduos entre chicos, aunque les conocíamos y alguna vez jugamos.
Ni que decir que la estrella de siempre fue el tan amado y odiado fútbol, pero en aquellos tiempos cobraba otra dimensión, no era fácil como hoy en día tener un balón, y mucho menos un balón de reglamento. Lo normal que alguien lo hubiera recibido por reyes, era de "vox populis" y no tenía escapatoria para sacarle y jugar con él. Las normas eran bien conocidas, los dos mejores siempre escogían, si eras el último en elegirte eras el malo, el gordito siempre era el portero, el partido se acababa cuando todos estaban cansados, o cuando el dueño del balón se cabreaba lo cogía por debajo del brazo y se iba, no había árbitro, solo si había sangre era falta, no había fuera de juego, valía el portero delantero, el que tiraba fuera iba a por ella, si había penalti se quitaba el gordito de portero y se ponía el bueno, el partido aunque fuese 20 a 0 lo ganaba el que metía el último gol.

Todo esto aunque parece una invención era muy cierto, y todos los juegos que día tras día nos entretenían, eran nuestra forma peculiar de escape nuestra forma de comunicarnos y nuestra manera de hacer amigos los cuales hemos conseguido mantener hasta nuestros días. No necesitamos consolas, ni videojuegos, ni tablets para ser felices, no quiero decir con esto que si lo hubiéramos tenido no lo hubiéramos utilizado. Se me quedan en el tintero tantos y tantos otros juegos, el pañuelo, a los puntos, la comba...en fin una interminable lista.
Siento no conocer aquellos con los que las chicas jugaban, algunos eran comunes pero ellas tenían otros gustos y siempre fueron más sutiles a la hora de jugar.
En esta noche de reyes que no nos falte la ilusión, la imaginación y las ganas de seguir jugando.
¡¡¡FELICES REYES¡¡¡






3 comentarios:

  1. Que buena narración de nuestra vida de niños en aquella época se recuerda con añoranza estos días ;gracias Paco😘

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  2. Que buenos recuerdos Paco, yo también jugué a todos esos juegos, excepto al fútbol y a lo del palo, que lo he buscado y se llamaba "la billarda" o "hebilla", según mi hermana. Se me ha activado la memoria con esos recuerdos.

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  3. A mi se me daba bien lo del palo y creo recordar que así lo llamaron

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